lunes, 29 de abril de 2019
domingo, 21 de abril de 2019
Los filósofos de mi pueblo
“LOS
NIÑOS Y LOS LOCOS SIEMPRE DICEN LA VERDAD, POR ESO A LOS PRIMEROS LOS EDUCAN… Y
¡A LOS SEGUNDOS LOS ENCIERRAN!”
El filósofo de Güemes.
De mis memorias de niña
les contaré 3 historias de los famosos de mi pueblo. No eran ARTISTAS... Pero
si famosos. Ellos, los sin techo a los que prefiero llamar filósofos en vez de
locos.
Repudiados por su olor o
su apariencia,
Temidos por su
vocabulario,
Célebres por su
filosofía o
Amados por su bondad.
Dos de ellos tenían una
dificultad de lenguaje llamada rotacismo. No podían pronunciar la “r”
1. En Primer término les hablaré de: “El Pimo Pelotas”. Quien me enseñó que: “Ningún soñador es pequeño y ningún sueño es demasiado grande”.
¿Su nombre? ¡No lo sé! Físicamente
se parecía al payaso Cepillín, solo que en lugar de cara blanca el con su cara
negra sin maquillaje. Vestía camisas fosforescentes y sacos a cuadros de terlenka, zapatos bostonianos, muy perfumado llegaba a los
bailes, les decía a las chicas que no lo conocían que tenía sus negocios o que
era residente de los estados unidos.
Un día… El Pimo Pelotas
hizo sus sueños realidad, se casó con una mujer adinerada de Tepehuanes, que lo
convirtió en empresario y lo vestía como un Dandi.
2. Enseguida
quiero referirme a Consuelo. De Chelo como la conocíamos aprendí: QUE LA
DIFERENCIA entre un filósofo y un normal es la manera de verbalizar los
pensamientos, ellos a viva voz y los nosotros en secreto, en silencio.
Chelo era alta y
frondosa, vestía faldas plisadas, largas
y floreadas. Ella era la juez de mi
pueblo, pues conocía los pecados de casi todos, no solo de los habitantes
de San Juan del Río, sino de sus alrededores, y a la menor provocación los
predicaba.
La gente “buscabullas”
de mi pueblo por donde Chelo pasaba fingían arrastrarle el sombrero por el
suelo al tiempo que le decían: “Burra” y
ella invariablemente les respondía: ¡Tu malde…! y enseguida el mote que le tenía
a cada provocador.
Gato…
gato… latelo de Nato… Asesino… dientes de guitala…
Cejas
bancas de la Ciénega… Boca abielta, pata lajada del lesbalón…
Loba
vacas de la haciendita, ¡Diante
muelto de hamble del mesón!!!
Tal vez el acontecimiento más feliz en la vida de Consuelo
haya sido cuando a su sobrina la eligieron Reyna de la feria de la nuez,
caminaba orgullosa por las calles recordándole a la gente: “Tú no tienes Leyna
y yo si tengo una leyna.
Por último, les quiero contar de Don Manuel Flores. El
hombre que hablaba con Dios y de quien APRENDI… que el lenguaje corporal es más
elocuente que las palabras.
Don Manuel era alto, de piel
blanca y escasa cabellera, vestía un saco que tal vez, perteneció a un traje de
novio o a un alto ejecutivo y ahora era parte de su elegancia al vestir. Su
etiqueta me vino a enseñar que para ser fino, no es necesario el dinero ni
estar bañado, ni tener las uñas limpias. Él era tan fino que hasta sus amigas las
bacterias lo respetaban.
A mí me gustaba más la
plática de Don Manuel con Dios que el sermón del párroco. Yo sabía en mi alma
de niña que Dios y El eran camaradas. A señas le platicaba y cuando Dios le
respondía. Él se reía luego le decía que si, y así toda la misa.
Los filósofos existen en
todos los pueblos… y un día desaparecen,
nadie sabe a dónde ni cuando se marcharon, solo YA NO ESTÁN.
Ahora evocando memorias quiero
creer que tal vez el hermano sol San Francisco de Asís, los incluía cuando dijo:
“Es tan poco lo que necesito que a veces necesita poco lo que necesito.



