domingo, 21 de abril de 2019

Los filósofos de mi pueblo

 Discurso de concurso

“LOS NIÑOS Y LOS LOCOS SIEMPRE DICEN LA VERDAD, POR ESO A LOS PRIMEROS LOS EDUCAN… Y ¡A LOS SEGUNDOS LOS ENCIERRAN!”

El filósofo de Güemes.

De mis memorias de niña les contaré 3 historias de los famosos de mi pueblo. No eran ARTISTAS... Pero si famosos. Ellos, los sin techo a los que prefiero llamar filósofos en vez de locos.

Repudiados por su olor o su apariencia,

Temidos por su vocabulario, 

Célebres por su filosofía o

Amados por su bondad.

Dos de ellos tenían una dificultad de lenguaje llamada rotacismo. No podían pronunciar la “r”

1.   En Primer término les hablaré de: “El Pimo Pelotas”. Quien me enseñó que: “Ningún soñador es pequeño y ningún sueño es demasiado grande”.

¿Su nombre? ¡No lo sé! Físicamente se parecía al payaso Cepillín, solo que en lugar de cara blanca el con su cara negra sin maquillaje. Vestía camisas fosforescentes y sacos a  cuadros de terlenka,  zapatos bostonianos, muy  perfumado llegaba a los bailes, les decía a las chicas que no lo conocían que tenía sus negocios o que era residente de los estados unidos.



Un día… El Pimo Pelotas hizo sus sueños realidad, se casó con una mujer adinerada de Tepehuanes, que lo convirtió en empresario y lo vestía como un Dandi.

2.   Enseguida quiero referirme a Consuelo. De Chelo como la conocíamos aprendí: QUE LA DIFERENCIA entre un filósofo y un normal es la manera de verbalizar los pensamientos, ellos a viva voz y los nosotros en secreto, en silencio.

Chelo era alta y frondosa, vestía faldas plisadas,  largas y floreadas. Ella era la juez de mi pueblo, pues conocía los pecados de casi todos, no solo de los habitantes de San Juan del Río, sino de sus alrededores, y a la menor provocación los predicaba.



La gente “buscabullas” de mi pueblo por donde Chelo pasaba fingían arrastrarle el sombrero por el suelo al tiempo que  le decían: “Burra” y ella invariablemente les respondía: ¡Tu malde…! y enseguida el mote que le tenía a cada provocador. 

Gato… gato… latelo de Nato…      Asesino… dientes de guitala…

Cejas bancas de la Ciénega…      Boca abielta, pata lajada del lesbalón…

Loba vacas de la haciendita,      ¡Diante muelto de hamble del mesón!!!

Tal vez el acontecimiento más feliz en la vida de Consuelo haya sido cuando a su sobrina la eligieron Reyna de la feria de la nuez, caminaba orgullosa por las calles recordándole a la gente: “Tú no tienes Leyna y yo si tengo una leyna.

Por último, les quiero contar de Don Manuel Flores. El hombre que hablaba con Dios y de quien APRENDI… que el lenguaje corporal es más elocuente que las palabras.

Don Manuel era alto, de piel blanca y escasa cabellera, vestía un saco que tal vez, perteneció a un traje de novio o a un alto ejecutivo y ahora era parte de su elegancia al vestir. Su etiqueta me vino a enseñar que para ser fino, no es necesario el dinero ni estar bañado, ni tener las uñas limpias. Él era tan fino que hasta sus amigas las bacterias lo respetaban.

A mí me gustaba más la plática de Don Manuel con Dios  que el sermón del párroco. Yo sabía en mi alma de niña que Dios y El eran camaradas. A señas le platicaba y cuando Dios le respondía. Él se reía luego le decía que si, y así toda la misa.



Los filósofos existen en todos los pueblos…  y un día desaparecen, nadie sabe a dónde ni cuando se marcharon, solo YA NO ESTÁN.  

Ahora evocando memorias quiero creer que tal vez el hermano sol San Francisco de Asís, los incluía cuando dijo: “Es tan poco lo que necesito que a veces necesita poco lo que necesito.