viernes, 25 de noviembre de 2016

PROYECTO 4 CAB CONSULTA

CONSULTA


Un hombre entra en una sala de consulta. El médico está sentado a la mesa ocupado en rellenar papeles.

Médico (sin alzar los ojos) – Siéntese, por favor.

Paciente – Gracias.

El paciente se sienta. El médico termina de rellenar un papel y dirige a su enésimo cliente una mirada cansada que pretende, a pesar de todo, ser atenta.

Médico – Dígame, ¿qué le trae por aquí?

Paciente – Pues… No sé cómo decírselo, pero creo que he atrapado la Muerte.

Médico – Si, en este momento, es lo que hay. un virus que anda por ahí. Pero créame, eso se pasa. Es lo de siempre. La nariz como un grifo… Un picor intenso en la garganta… Un como cansancio…

Paciente – No, no, doctor, todo va muy bien… No estoy enfermo… Lo que quiero decir es que… Realmente he atrapado a la muerte.

El médico parece un poco fuera de órbita.

Médico – Sí Bueno, le voy a recetar un pequeño tratamiento preventivo, Un cocktail de vitaminas para despertar ese sistema inmunitario un poco adormecido por el frío, un jarabe para aliviar la garganta, aspirina para el dolor de cabeza… (Dirige la receta hacia el paciente) Con esto, pasará el invierno sin más problemas…

Paciente – Doctor, he atrapado a la Muerte, está encerrada en el Seat Ibiza que está estacionado en la cochera de mi casa.

Médico – Sí… Cuénteme usted eso…

Paciente – Bien, ayer por la tarde decidí poner fin a mis días.

Las armas de fuego no son mi estilo en absoluto.

El gas, creo que es peligroso para los vecinos. Hay que pensar también en los que quedan.

Médico – Cierto.

Paciente – Por consiguiente, me he dirigido al garaje. He taponado bien la puerta con toallas mojadas tal como he visto hacer a menudo en las tele-series. Y después, he arrancado mi Seat Ibiza. Entonces sentado al volante. He encendido la radio y he dejado calentar el motor. Resumiendo, empezaba a adormecerme tranquilamente para el que debía ser mi último sueño, cuando la he visto en el retrovisor, sentada tras de mí…


Médico – ¿A quién?

Paciente – ¡A la muerte!

Médico – A sí Claro… por supuesto.

Paciente – Bueno, no debería haberme sorprendido hasta ese punto puesto que, yo estaba haciendo todo lo necesario para encontrarla. ¿Pero sabe lo que me ha asombrado?

Médico – No.

Paciente – Que se parecía muchísimo a la imagen que tenemos de ella. Gran capa negra, guadaña, eso es lo que me ha jodido vivas las neuronas. Verla así, exactamente como la había imaginado.



Médico – Sí, claro. Eso ha debido ser un choque.

Paciente – Sea como fuere, créame, ello me ha despertado. No sé qué me ha pasado, que he parado el motor en seco, he bajado del coche como un loco dando un portazo. Y en ese momento he tenido, por suerte, el gran reflejo de cerrar con llave las puertas.

Médico –Bueno, ¿y qué pasó?

Paciente – Que me había salvado. Ella estaba encerrada en mi coche, ante mis ojos, digo. La veía clarísimamente aplastar su especie de burka completamente negro contra el cristal para intentar salir.

Médico (volviendo a su recetario) – Así pues, ¿no va a querer el jarabe?

Paciente – ¿Pero es que no comprende lo que le digo? ¡He atrapado a la muerte!

Médico – Sí, sí. Puedo recomendarle a un colega, ¿qué le parece? Espere, debo tener la dirección por ahí, Doctor Martínez Psiquiatra vaya a verlo de mi parte y le explica lo que le pasa, ¿ de acuerdo ? Estoy seguro de que le interesará muchísimo.

Paciente – Gracias Dr.  ¿Y qué hago con mi Seat Ibiza? voy a necesitarlo ahora que he decidido no suicidarme con monóxido de carbono, me explico. ¿Qué hago? Si abro la portezuela, la muerte va a aprovechar para largarse y se va a poner a segar en seco.

Médico – No se tome a mal lo que yo le diga, no estoy poniendo en cuestión la veracidad de los que me acaba de contar, sólo que ¿está usted seguro de que no había nadie más en el asiento de atrás? No sé, su mujer por ejemplo.

Paciente – Mi mujer no lleva burka y por otra parte, nos hemos divorciado el año pasado. Eso me ha hecho polvo, lo reconozco. Es una de las razones por las que quería suicidarme.

Médico – Eso es, ya lo ve, usted mismo lo está diciendo. Comenzaba a estar usted mareado. La falta de oxígeno puede provocar alucinaciones En el momento de la muerte, usted ha pensado en su mujer, seguro, en los buenos momentos que habéis pasado juntos y ella se le ha aparecido de esta guisa…

Paciente – ¿Con un burka y una guadaña?

– Pensándolo bien, el burka. Bien pudiera ser una especie de pañuelo negro que ella se ponía alrededor del cuello. Y la guadaña, ya no estoy seguro del todo. A lo mejor pudo ser una escoba. Las brujas también tienen escobas y se ponen un pañuelo negro.

Médico – Si.

Paciente – Entonces cómo se explica usted que esta mañana cuando volví al auto después de una noche placentera, estuviera todavía allí, incluso ha intentado decirme algo.

Médico – ¿Ah, si?

Paciente – Como no le oía, me ha garabateado algo en lenguaje cabalístico en un papel, algo que parecía portugués y me lo ha colocado contra el parabrisas.

Médico – ¿Portugués?

Paciente – Eso también me ha sorprendido.

Médico – ¿Qué es lo que le ha puesto en ese papel?

Paciente – Bueno, yo no sé nada, no entiendo el portugués Tendría que preguntarle a mi asistenta, justamente es portuguesa. Pero es raro, esta mañana no ha venido como de costumbre.

No. se lo juro, doctor, he atrapado a la muerte.


Médico – Mmm… Voy al menos a prescribirle un laxantito mientras tanto. Le hará relajarse.

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