CONSULTA
Un
hombre entra en una sala de consulta. El médico está sentado a la mesa ocupado
en rellenar papeles.
Médico (sin alzar los ojos) – Siéntese, por favor.
Paciente – Gracias.
Médico – Dígame, ¿qué le trae por aquí?
Paciente – Pues… No sé cómo decírselo, pero creo que he atrapado
la Muerte.
Médico – Si, en este momento, es lo que hay. un virus que anda
por ahí. Pero créame, eso se pasa. Es lo de siempre. La nariz como un grifo… Un
picor intenso en la garganta… Un como cansancio…
Paciente – No, no, doctor, todo va muy bien… No estoy enfermo… Lo
que quiero decir es que… Realmente he atrapado a la muerte.
El médico parece un poco fuera de
órbita.
Médico – Sí Bueno, le voy a recetar un pequeño tratamiento
preventivo, Un cocktail de vitaminas para despertar ese sistema inmunitario un
poco adormecido por el frío, un jarabe para aliviar la garganta, aspirina para
el dolor de cabeza… (Dirige la receta hacia el paciente) Con esto, pasará el
invierno sin más problemas…
Paciente – Doctor, he atrapado a la Muerte, está encerrada en el
Seat Ibiza que está estacionado en la cochera de mi casa.
Médico – Sí… Cuénteme usted eso…
Paciente – Bien, ayer por la tarde decidí poner fin a mis días.
Las armas de fuego no son mi estilo en absoluto.
El gas, creo que es peligroso para los vecinos. Hay que pensar
también en los que quedan.
Médico – Cierto.
Paciente – Por consiguiente, me he dirigido al garaje. He taponado
bien la puerta con toallas mojadas tal como he visto hacer a menudo en las
tele-series. Y después, he arrancado mi Seat Ibiza. Entonces sentado al volante.
He encendido la radio y he dejado calentar el motor. Resumiendo, empezaba a
adormecerme tranquilamente para el que debía ser mi último sueño, cuando la he
visto en el retrovisor, sentada tras de mí…
Médico – ¿A quién?
Paciente – ¡A la muerte!
Médico – A sí Claro… por supuesto.
Paciente – Bueno, no debería haberme sorprendido hasta ese punto
puesto que, yo estaba haciendo todo lo necesario para encontrarla. ¿Pero sabe
lo que me ha asombrado?
Médico – No.
Paciente – Que se parecía muchísimo a la imagen que tenemos de ella.
Gran capa negra, guadaña, eso es lo que me ha jodido vivas las neuronas. Verla
así, exactamente como la había imaginado.
Médico – Sí, claro. Eso ha debido ser un choque.
Paciente – Sea como fuere, créame, ello me ha despertado. No sé qué
me ha pasado, que he parado el motor en seco, he bajado del coche como un loco
dando un portazo. Y en ese momento he tenido, por suerte, el gran reflejo de
cerrar con llave las puertas.
Médico –Bueno, ¿y qué pasó?
Paciente – Que me había salvado. Ella estaba encerrada en mi coche,
ante mis ojos, digo. La veía clarísimamente aplastar su especie de burka
completamente negro contra el cristal para intentar salir.
Médico (volviendo a su recetario) – Así pues, ¿no va a querer el
jarabe?
Paciente – ¿Pero es que no comprende lo que le digo? ¡He atrapado a
la muerte!
Médico – Sí, sí. Puedo recomendarle a un colega, ¿qué le parece?
Espere, debo tener la dirección por ahí, Doctor Martínez Psiquiatra vaya a
verlo de mi parte y le explica lo que le pasa, ¿ de acuerdo ? Estoy seguro de
que le interesará muchísimo.
Paciente – Gracias Dr. ¿Y qué
hago con mi Seat Ibiza? voy a necesitarlo ahora que he decidido no suicidarme
con monóxido de carbono, me explico. ¿Qué hago? Si abro la portezuela, la
muerte va a aprovechar para largarse y se va a poner a segar en seco.
Médico – No se tome a mal lo que yo le diga, no estoy poniendo
en cuestión la veracidad de los que me acaba de contar, sólo que ¿está usted
seguro de que no había nadie más en el asiento de atrás? No sé, su mujer por
ejemplo.
Paciente – Mi mujer no lleva burka y por otra parte, nos hemos
divorciado el año pasado. Eso me ha hecho polvo, lo reconozco. Es una de las
razones por las que quería suicidarme.
Médico – Eso es, ya lo ve, usted mismo lo está diciendo. Comenzaba
a estar usted mareado. La falta de oxígeno puede provocar alucinaciones En el
momento de la muerte, usted ha pensado en su mujer, seguro, en los buenos
momentos que habéis pasado juntos y ella se le ha aparecido de esta guisa…
Paciente – ¿Con un burka y una guadaña?
– Pensándolo bien, el burka. Bien pudiera ser una especie de pañuelo
negro que ella se ponía alrededor del cuello. Y la guadaña, ya no estoy seguro
del todo. A lo mejor pudo ser una escoba. Las brujas también tienen escobas y
se ponen un pañuelo negro.
Médico – Si.
Paciente – Entonces cómo se explica usted que esta mañana cuando
volví al auto después de una noche placentera, estuviera todavía allí, incluso
ha intentado decirme algo.
Médico – ¿Ah, si?
Paciente – Como no le oía, me ha garabateado algo en lenguaje cabalístico
en un papel, algo que parecía portugués y me lo ha colocado contra el
parabrisas.
Médico – ¿Portugués?
Paciente – Eso también me ha sorprendido.
Médico – ¿Qué es lo que le ha puesto en ese papel?
Paciente – Bueno, yo no sé nada, no entiendo el portugués Tendría
que preguntarle a mi asistenta, justamente es portuguesa. Pero es raro, esta
mañana no ha venido como de costumbre.
No. se lo juro, doctor, he atrapado a la muerte.
Médico – Mmm… Voy al menos a prescribirle un laxantito mientras
tanto. Le hará relajarse.




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