1. EL
MITO. El jardín de las hespérides.
“Lejos, en una región
distante, se encontraba el árbol sagrado de la sabiduría, en el que crecían las
manzanas de oro de las Hespérides. La fama de estas frutas había llegado a todos
los confines de la tierra, y todos las deseaban.
Hércules, también sabía
de esas frutas, y cuando el Maestro le dio la orden de buscarlas, Hércules exclamó:
“Dime el camino, oh!
Maestro de mi Alma. ¡Muéstrame el camino más rápido y yo iré!”
“No es así, hijo
mío, -replicó el Maestro-, el camino es largo. Sólo dos cosas te confiaré, y luego a ti te
corresponderá probar la verdad de lo que te digo.
·
La primera es que recuerdes que el
Árbol Sagrado está custodiado por tres hermosas doncellas y que un dragón de
cien cabezas protege a las doncellas y al árbol.
·
La segunda es que tu búsqueda te
llevará donde te encontrarás con cinco grandes pruebas en el camino. Cada una
te proporcionará el ámbito para la sabiduría, la comprensión, la destreza y la
oportunidad…
Hércules salió al Camino
seguro de su Sabiduría y de su Fuerza. Atraviesa el portal de
la luz y se fue directo hacia el Norte, Anduvo por toda la tierra, pero
no encontró el Árbol Sagrado. A todos quienes encontraba a su paso les
preguntaba, pero nadie conocía el lugar.
El Maestro, vigilando desde
lejos, envió a Nereo que aunque hábil con la palabra, fracasó porque Hércules no le escuchó.
“La Primera de la
Cinco Pruebas ha pasado –dijo el Maestro-, y Hércules ha fracasado. ¡Que
prosiga su búsqueda!”.
Así fue, y esta vez, Anteo, con forma de serpiente, le
venció en el Camino.
“¿Cómo
puede ser? –Dijo Hércules-, ¡¡si yo maté a una serpiente cuando estaba en la
cuna!!, con mis propias manos la estrangulé… ¿cuál es mi error?
Entonces Hércules agarró
a Anteo con ambas manos y la levantó del suelo, sosteniéndola en el aire… y,
¡¡la hazaña fue hecha!!
Y el Maestro dijo:
“La segunda prueba ha pasado. El éxito obtenido marca su sendero. Que siga
adelante”.
Ahora Hércules se dirige hacia el Oeste.
donde encontró el fracaso de nuevo, encontró allí a Busiris, el gran engañador. cuyo trabajo era
conducir a los hombres al error, a través de palabras de aparente sabiduría. Hércules
lo escuchó y su debilidad crecía día a día mientras amaba a Busiris.
Su Maestro lo castigó, y tuvo que atarlo a un altar durante
un año.
De pronto un día,
mientras estaba luchando para liberarse, vinieron a su mente unas palabras
dichas por Nereo hacía mucho tiempo: “La Verdad está en ti mismo. En ti hay un Poder. La Fuerza yace en ti.
Con esta fuerza él pudo
romper sus ataduras, el vigilante Maestro, desde lejos advirtió el momento de
la liberación, y le dijo a Nereo:
“La Tercera Gran
Prueba ha pasado. Tú le enseñaste cómo encontrar la salida, y, a su debido
tiempo, él supo encontrarla. Que siga adelante en el Sendero y aprenda el
secreto del éxito.
Hércules siguió adelante, y repentinamente detuvo sus
pasos, un grito de profundo dolor hería sus oídos…
¿Debía seguir su camino, ó debía atender a quien estuviera en necesidad,
retrasando sus pasos? Hércules
se apresuró a ir en auxilio de su hermano… Encontró a Prometeo
encadenado a una roca, sufriendo horribles agonías de dolor causado por los
buitres que picoteaban su hígado, matándolo así, poco a poco.
Hércules rompió la
cadena que le sujetaba a la roca y liberó a Prometeo, curó sus heridas y sin
pérdida de tiempo, volvió a ponerse en el Camino.
El Maestro dijo:
“La cuarta etapa del Camino hacia el árbol sagrado ha pasado. La regla en el
Sendero elegido que apresura todos los éxitos es: aprender a servir. ¡¡Continúa
tu búsqueda!!
Hércules Se encaminó ahora hacia
las altas montañas del Este… y, allí estaba el objeto de su búsqueda…
Pero nuevamente fue
retenido por un sentimiento de profunda pena. Encontró al gigante Atlas, tambaleante bajo la carga del mundo sobre su espalda. Su rostro
estaba marcado por el sufrimiento, sus miembros estaban curvados por el dolor,
sus ojos estaban cerrados por la agonía.
Hércules, olvidó de
nuevo su búsqueda, sólo pensaba cómo ayudar al gigante. Se arrodilló, y quitó
la carga de Atlas para sostenerla él mismo. En ese instante, la carga
desapareció, y los dos quedaron libres de ella como por milagro!!
Libre de la carga, Atlas
le condujo hacia el jardín y, ¡¡allí estaban las Manzanas de Oro!! LA BUSQUEDA
HABIA TERMINADO!
Egle, la hermosa
doncella que es la gloria del sol poniente, le dijo a Hércules “El Camino hasta
nosotros está siempre marcado por el Servicio. Actos de Amor son Hitos en el
Camino”.
Luego, Erytheia, la guardiana
del Portal por donde todos debemos pasar, le entregó una Manzana que tenía
escrita, con letras de luz dorada, la palabra “Servicio”. “Recuerda esto”, -le
dijo-, “no lo olvides”.
Finalmente llegó
Hesperis, la maravilla de la estrella vespertina, y le dijo con claridad y
amor: “Sal
y Sirve”. Anda por el Camino de todos los servidores del mundo de aquí en
adelante y por siempre jamás.
Al llegar ante el
Maestro le rindió debida cuenta de todo cuanto había acontecido. El Maestro le
expresó su regocijo, y, con el dedo, le mostraba el duodécimo Portal….
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