domingo, 8 de enero de 2017

PROYECTO 6 ACB EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES




1.   EL MITO. El jardín de las hespérides.

“Lejos, en una región distante, se encontraba el árbol sagrado de la sabiduría, en el que crecían las manzanas de oro de las Hespérides. La fama de estas frutas había llegado a todos los confines de la tierra, y todos las deseaban.

Hércules, también sabía de esas frutas, y cuando el Maestro le dio la orden de buscarlas, Hércules exclamó:

“Dime el camino, oh! Maestro de mi Alma. ¡Muéstrame el camino más rápido y yo iré!”

“No es así, hijo mío, -replicó el Maestro-, el camino es largo. Sólo dos cosas te confiaré, y luego a ti te corresponderá probar la verdad de lo que te digo.

·         La primera es que recuerdes que el Árbol Sagrado está custodiado por tres hermosas doncellas y que un dragón de cien cabezas protege a las doncellas y al árbol.

·         La segunda es que tu búsqueda te llevará donde te encontrarás con cinco grandes pruebas en el camino. Cada una te proporcionará el ámbito para la sabiduría, la comprensión, la destreza y la oportunidad…

Hércules salió al Camino seguro de su Sabiduría y de su Fuerza. Atraviesa el portal de la luz y se fue directo hacia el Norte, Anduvo por toda la tierra, pero no encontró el Árbol Sagrado. A todos quienes encontraba a su paso les preguntaba, pero nadie conocía el lugar.

El Maestro, vigilando desde lejos, envió a Nereo que aunque hábil con la palabra,  fracasó porque Hércules no le escuchó.

“La Primera de la Cinco Pruebas ha pasado –dijo el Maestro-, y Hércules ha fracasado. ¡Que prosiga su búsqueda!”.

Así fue, y esta vez, Anteo, con forma de serpiente, le venció en el Camino.

“¿Cómo puede ser? –Dijo Hércules-, ¡¡si yo maté a una serpiente cuando estaba en la cuna!!, con mis propias manos la estrangulé… ¿cuál es mi error?

Entonces Hércules agarró a Anteo con ambas manos y la levantó del suelo, sosteniéndola en el aire… y, ¡¡la hazaña fue hecha!!

Y el Maestro dijo: “La segunda prueba ha pasado. El éxito obtenido marca su sendero. Que siga adelante”.

Ahora Hércules se dirige hacia el Oeste. donde encontró el fracaso de nuevo, encontró allí a Busiris, el gran engañador. cuyo trabajo era conducir a los hombres al error, a través de palabras de aparente sabiduría. Hércules lo escuchó y su debilidad crecía día a día mientras amaba a Busiris.

Su Maestro lo castigó, y tuvo que atarlo a un altar durante un año.

De pronto un día, mientras estaba luchando para liberarse, vinieron a su mente unas palabras dichas por Nereo hacía mucho tiempo: “La Verdad está en ti mismo. En ti hay un Poder. La Fuerza yace en ti.

Con esta fuerza él pudo romper sus ataduras, el vigilante Maestro, desde lejos advirtió el momento de la liberación, y le dijo a Nereo:

“La Tercera Gran Prueba ha pasado. Tú le enseñaste cómo encontrar la salida, y, a su debido tiempo, él supo encontrarla. Que siga adelante en el Sendero y aprenda el secreto del éxito.

Hércules siguió adelante, y repentinamente detuvo sus pasos, un grito de profundo dolor hería sus oídos… ¿Debía seguir su camino, ó debía atender a quien estuviera en necesidad, retrasando sus pasos? Hércules se apresuró a ir en auxilio de su hermano… Encontró a Prometeo encadenado a una roca, sufriendo horribles agonías de dolor causado por los buitres que picoteaban su hígado, matándolo así, poco a poco.

Hércules rompió la cadena que le sujetaba a la roca y liberó a Prometeo, curó sus heridas y sin pérdida de tiempo, volvió a ponerse en el Camino.

El Maestro dijo: “La cuarta etapa del Camino hacia el árbol sagrado ha pasado. La regla en el Sendero elegido que apresura todos los éxitos es: aprender a servir. ¡¡Continúa tu búsqueda!!

Hércules Se encaminó ahora hacia las altas montañas del Este… y, allí estaba el objeto de su búsqueda…

Pero nuevamente fue retenido por un sentimiento de profunda pena. Encontró al gigante Atlas, tambaleante bajo la carga del mundo sobre su espalda. Su rostro estaba marcado por el sufrimiento, sus miembros estaban curvados por el dolor, sus ojos estaban cerrados por la agonía.

Hércules, olvidó de nuevo su búsqueda, sólo pensaba cómo ayudar al gigante. Se arrodilló, y quitó la carga de Atlas para sostenerla él mismo. En ese instante, la carga desapareció, y los dos quedaron libres de ella como por milagro!!

Libre de la carga, Atlas le condujo hacia el jardín y, ¡¡allí estaban las Manzanas de Oro!! LA BUSQUEDA HABIA TERMINADO!

Egle, la hermosa doncella que es la gloria del sol poniente, le dijo a Hércules “El Camino hasta nosotros está siempre marcado por el Servicio. Actos de Amor son Hitos en el Camino”.

Luego, Erytheia, la guardiana del Portal por donde todos debemos pasar, le entregó una Manzana que tenía escrita, con letras de luz dorada, la palabra “Servicio”. “Recuerda esto”, -le dijo-, “no lo olvides”.

Finalmente llegó Hesperis, la maravilla de la estrella vespertina, y le dijo con claridad y amor: “Sal y Sirve”. Anda por el Camino de todos los servidores del mundo de aquí en adelante y por siempre jamás.

Al llegar ante el Maestro le rindió debida cuenta de todo cuanto había acontecido. El Maestro le expresó su regocijo, y, con el dedo, le mostraba el duodécimo Portal….











 

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